¡Qué libro más tonto!. Liana Editorial.

Un libro nos lleva lejos, todo lo lejos que pueda volar nuestra imaginación movida por el motor del texto.

Y, cuando aterrizamos de vuelta a nuestra habitación, algo del viaje se queda con nosotros para siempre.”

Liana Editorial.

 

Liana Editorial acaba de publicar ¡Qué libro más tonto!, del autor italiano premiado con una beca Sendak, Sergio Ruzzier.

Este libro es un canto al amor por la lectura, y si es algo que te apasiona, como a nosotros, no puede faltar en tu librería.

¿Quieres conocer más?…

¡Sigue leyendo!

 

¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial
¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial

 

Sergio Ruzzier, el autor de este libro, comenzó su carrera como ilustrador en 1986.   En 1995 se mudó a la ciudad de Nueva York donde ha ilustrado libros y creado historias para revistas nacionales e internacionales.

Es autor de varios álbumes infantiles y en 2011 recibió junto con otros tres autores The Sendak Fellowship, una de las becas de mayor prestigio en el mundo de la ilustración.

Durante un mes, los becados estuvieron en Connecticut, EE.UU, acompañados por el mismísimo Maurice Sendak.

 

Allí y según cuenta el propio Ruzzier en una entrevista realizada a Topipittori:

“Fue un mes maravilloso. Dibujé muy bien, conversé con él y con los otros tres compañeros (Ali Bahrampour, Frann Preston-Gannon y Denise Saldutti), paseé por el bosque junto a él y a Herman, su pastor alemán, hurgué en su biblioteca y en sus colecciones de dibujos y manuscritos. Cociné bastante. Sendak comió mi risotto con longaniza y mis ñoquis con ragú (no en la misma cena).”

 

Si queréis saber más, AQUÍ tenéis el enlace de la entrevista completa.

 

¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial
¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial

 

En ocasiones es difícil lograr que los niños se interesen por la lectura… ¿Cómo van a hacerlo, si con un botón tienen al alcance más de 20 canales de entretenimiento?

Muchas  veces iniciamos a los niños a la lectura en edades tempranas, cuando los libros están llenos de ilustraciones y éstas llevan el peso del contenido. Sin embargo, cuando  los niños dan el paso de los álbumes ilustrados a los libros (ilustrados o no) pierden el gusto por éstos.

Y es que, donde antes la imagen les acompañaba y era protagonista, ahora deja de tener relevancia y son las palabras, grises y redondeadas, las que toman el libro.

 

¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial
¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial

 


Este libro es una invitación a continuar creciendo, en este caso acompañado de las palabras.


 

“Pato va caminando despreocupado cuando se topa con un libro…

Curioso, decide echarle un vistazo y ¡cuál es su sorpresa cuando descubre que el libro sólo dispone de palabras!

Contrariado, golpea el libro de una patada… aunque rápidamente se arrepiente y decide empezar a leerlo.

Allí descubre el poder de las palabras mientras viaja con ellas,  especialmente el poder de las emociones que acompañan a las palabras, que se quedan contigo, para siempre”

 

¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial
¡Qué libro más tonto!. Detalle interior. Liana Editorial

 

Cuando acabamos el libro, nos quedamos callados con una sonrisa dibujada en los labios.

Al cerrar sus páginas y todavía con sus últimas palabras resonando en mi mente, recordaba los innumerables libros que he ido leyendo y que me han ido acompañando conforme he ido creciendo. ¡Son incontables!. Los que supusieron un punto de inflexión en la configuración de mi “yo“, y los que pasaron sin mucho boato por mis manos.

 

Los libros que he leído no sólo me han dado vocabulario y cultura y no sólo han aumentado mi capacidad de concentración y han supuesto un entrenamiento para  las lecturas de las que luego ha resultado ser mi profesión.

 


Los libros que he leído me han acompañado cuando estaba sola, han puesto palabras a emociones que ni siquiera sabía que tenía, me han abierto al mundo y han cambiado la óptica de los cristales con los que me asomaba a él.


 

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